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Brown frente a la costa de Cabo Corrientes     A 233 años de su natalicio   

Victoria Naval en Los Pozos y Quilmes  

Combate Naval de “El Juncal”    Bouchard, el corsario de la Patria  

La Armada Confederada y el relevamiento hidrográfico en pdf  

¡Recuerden la vuelta de Obligado! en pdf

Guillermo Brown, ¿era masón?    Ten. de Navío (Post Morten) Aviador Naval Marcelo G. Márquez

 

Agradecemos al corresponsal naval Oscar Filippi y al Dr. Eduardo C. Gerding Miembro de Número del Instituto Browniano Nacional.

 

1826 – Cabo Corrientes en la Historia Naval - 2010

Hace 184 años, el almirante Brown fondeaba frente al cabo Corrientes

Su genio naval, supo reconocer la importancia estratégica del entonces llamado “Cabo de las Dos Corrientes” para la defensa de nuestro País y señaló desde la historia, la costa sobre la cual crecería esta hermosa ciudad. Un siglo después, la Armada Argentina inauguraba la Base Naval Mar del Plata, la segunda en importancia, de nuestro litoral marítimo.

 

Como un índice geográfico que señala el futuro a los argentinos. Con paciencia de piedras eternas, como esperando que despertemos al verdadero desafío de nación marítima, integrada pero jamás entregada al resto del mundo, así se proyecta majestuoso el “Cabo de las Dos Corrientes”, tal su nombre primigenio.

Frente a él, en titánica y eterna lucha, la corriente fría proveniente de nuestras Malvinas pugna por doblegar a la corriente cálida proveniente del Brasil. Coincidencia simple que proviene de la pura lógica de la oceanografía física, pero con ojos de historia, homenaje eterno del propio Mar Argentino a la epopeya browniana de nuestra Independencia.

 

Con coraje criollo

Con el año de 1826 llegarían a nuestra patria sombrías nubes de guerra. El Imperio del Brasil, con una poderosa flota de 80 navíos, penetraba en el Río de la Plata y bloqueaba a la ciudad de Buenos Aires. Pretendía extender sus dominios sobre la Banda Oriental.

Urgidos entonces a recomponer nuestro poder naval, inexplicablemente desmantelado luego de la histórica victoria sobre la escuadra española el 17 de mayo de 1814. De haber acompañado al general San Martín en la campaña libertaria de Chile y Perú y de las brillantes acciones corsarias subsecuentes. Nuestro primer presidente constitucional, Bernardino Rivadavia, volvía a confiar la libertad y la independencia de nuestra patria al almirante Guillermo Brown.

El veterano marino, nacido en tierras en las que también soplan vientos de libertad, volvió a desplegar su valor irlandés y junto al coraje criollo de Tomás Espora y Leonardo Rosales, el 30 de junio y el 11 de julio de ese mismo año (1826), escribirían las páginas más heroicas de nuestra historia naval al derrotar en desiguales combates a la imponente escuadra imperial, en las batallas de Los Pozos y Quilmes, respectivamente.

Aun así, el peligro no había desaparecido, los buques del Imperio del Brasil seguían amenazantes, merodeando nuestras costas. Urgía comprar más naves para nuestra escuadra. Había que reponer a las heroicas “25 de Mayo” y “Congreso”.

A tal fin, Bernardino Rivadavia había enviado a Chile, en misión especial, al coronel Ventura Vázquez para adquirir tres naves de guerra.

Las noticias provenientes de Chile no eran alentadoras, las naves adquiridas habían sido bautizadas así: “Montevideo”, “Buenos Aires” y “Chacabuco”. Zarparon el 6 de agosto de 1826 del puerto de Valparaíso. La “Montevideo” sorprendida por un temporal, debió regresar a puerto; la fragata “Buenos Aires” naufragó en Cabo de Hornos, nunca apareció un vestigio de esa nave o de su tripulación. A su bordo regresaba a la Argentina el coronel Ventura Vázquez. Sólo la corbeta “Chacabuco” llegaría más de dos meses después de su zarpada de Valparaíso.

Esas naves compradas en Chile tenían orden de fondear frente al cabo Corrientes, el punto más oriental de nuestra geografía continental, donde al almirante Guillermo Brown debía asumir el mando de esa nueva división y el coronel Ventura Vázquez regresaría a la Capital para dar cuenta de sus gestiones.

 

Viaje por tierra

Partiendo en carruaje desde Buenos Aires, el almirante Brown, junto al teniente coronel Francisco Sayós y 40 hombres de escolta, llegó al paraje que hoy conocemos como “Estación Macedo”, el 23 de agosto de 1826. Se alojó en la estancia más próxima a la Laguna de “Mar Chiquita”, propiedad de don Francisco Sáenz Valiente. Con dos botes, él y su grupo establecieron el transporte de víveres y auxilios al Destacamento de la Costa.

Brown, después de una larga espera sobre las piedras del Cabo Corrientes, aquejado por una dolencia física y desalentado por la falta de noticias, regresó a la Capital Federal.

En su lugar quedaron, el teniente coronel Sayós y el piloto Michel que ya había trasladado una balandra hasta el cabo Corrientes y establecido el servicio de guardia reclamado para esperar a las nuevas naves.

Cabo Corrientes  Monolito a Brown

Días después de su regreso, el almirante Brown recibe en Buenos Aires la noticia de la llegada de la corbeta “Chacabuco” a nuestro cabo Corrientes. El almirante resuelve entonces alistar la barca “Congreso”, al mando del capitán Guillermo R. Mason; el bergantín “República” a cargo del capitán Guillermo E. Granville y la goleta “Sarandí” comandada por el capitán Juan H. Coe, en ella, el Almirante Brown enarbola su insignia.

El plan del almirante, como siempre, es sencillo y audaz: unirse con esas unidades a la recién llegada “Chacabuco” y dirigirse directo a las costas del Brasil. Si ellos querían la guerra, llevaría la guerra a sus propias costas.

 

Llega por mar

Zarpan de Buenos Aires el 26 de octubre por la noche (20.45) con viento del S/SE y bajo las narices de los marinos brasileños que con sus poderosas naves mantienen el bloqueo al Puerto de Buenos Aires.

La Sarandí navegó durante la noche sin novedad y en la mañana del 27 se encontró con varias naves enemigas. Como ardid de guerra, el astuto almirante mantenía izada la bandera imperial, sin abrir fuego y rompió el bloqueo y se dirigió rumbo al Cabo Corrientes.

Las otras dos naves debieron regresar a puerto al ser detectadas por los cariocas. La corbeta “Chacabuco” poseía 22 cañones y 150 hombres de tripulación, su comandante era el capitán Santiago Jorge Bynon y se convertía en el primer comandante de una nave de guerra de nuestra Armada que fondeaba frente a lo que hoy es Mar del Plata.

A las 11.30 del 30 de octubre de 1826, el almirante Guillermo Brown, a bordo de la “Sarandí” entró en contacto con la “Chacabuco”.

Aún no nacida, en el brillante amanecer de nuestra historia, el Sol iluminaba a Mar del Plata. Debía nacer como hija dilecta del propio Mar Argentino. Faro, custodia y guía de los intereses argentinos en el mar. Así se inició desde las costas del “Cabo de las Dos Corrientes” otro de los grandes capítulos de nuestra historia naval. Un crucero de guerra memorable, que permitió capturar numerosas naves y crear en el propio Imperio del Brasil, la sensación de un serio obstáculo a la navegación frente a sus propias costas, situación que aceleró la finalización del bloqueo a Buenos Aires.

 

Del libro de bitácora

Aquel histórico 30 de octubre de 1826, en el libro de bitácora de la goleta Sarandí, el almirante Guillermo Brown escribía:

“… En este momento en que son las 12 del día, acabo de incorporarme con la corbeta Chacabuco, remito a tierra diez soldados que hay en ésta de la guardia de negros que hay en tierra e inmediatamente me dirijo sobre la costa del Brasil, conforme a las instrucciones de V.E.. Al bergantín República y la barca Congreso los perdimos de vista a las 10.30 de la noche de mi salida y no los he vuelto a ver. Me es imposible el poder designar el punto de mi crucero, pues he de operar conforme lo exijan las circunstancias. Dios guarde a V.E. muchos años. Frente al cabo Corrientes, en vela. Octubre 30 de 1826”.

Firmado: W. Brown

 

Las pude ver

Fue hace más de seis años, la Armada Argentina me había vuelto a distinguir con una comisión para navegar en nuestra hermosa fragata “Libertad”.

Esa esbelta dama blanca de los mares del mundo, que en sus velas abraza y guarda toda la mística de “ser marino”. Habíamos zarpado de la Base Naval Mar del Plata, temprano en la mañana, con fuerte viento del S/SE al comando del capitán de navío Guillermo Keuneke. Navegábamos a vela pura y habíamos llegado a dar ¡14 nudos! El tiempo no era el mejor, había nubes bajas y cortos chubascos. Justo frente al Cabo Corrientes, el paisaje de la ciudad se desdibujaba tras la bruma y las nubes. Sé que fue producto de la emoción de navegar esta hermosa fragata. Sé que fue el sonido del viento silbando en las jarcias. Sé que fue el crujir de las propias velas, quizás mi propio interés en nuestra historia naval… De ello estoy seguro. Pero también estoy seguro de que las vi. Entre las nubes y la bruma, por nuestra amura de babor y recortadas en la costa… ¡Eran la Sarandí y la Chacabuco! Con sus velas henchidas de gloria, como en el óleo que ilustra esta nota, navegando en homenaje a Mar del Plata. Era la historia misma que nos visitaba…, como cada vez que nos visita su propio legado… la “Libertad”.

Por Oscar Filippi

06/11/06
LA CAPITAL de Mar del Plata




1777 – 22 de Junio – 2010

Almirante Guillermo Brown
A 233 años de su natalicio. En homenaje a su legado cívico, con gratitud por su ejemplo, a su entrega y patriotismo.

PMar del Plata  Monumento a Guillermo Brownor: Oscar Filippi

Alguna vez, el gran pensador, José A. Ortega y Gasset escribió, “… La ingratitud es el defecto más grave del hombre. Fundo esa calificación superlativa, en que siendo la sustancia del hombre su historia, todo comportamiento antihistórico adquiere el carácter de suicidio.”

Así lo ratifica un gran escritor argentino, Don Marcos Aguinis, quien en su libro titulado, “El Combate Perpetuo”, (un verdadero homenaje literario a la figura del Almirante Guillermo Brown), en el prólogo escribió: “… Ignoraba cuan novelesca había sido la vida del Almirante Guillermo Brown (…) Integra la galería de personajes cuya riqueza de aventuras hubiera entusiasmado a los mejores cultores del género. Los documentos sobre sus vicisitudes no sólo proporcionan asombro, sino fantasía. Parece inverosímil cuánto le sucedió y cuánto hizo. Es un personaje que deslumbra y enternece desde el principio al fin.”
Marcos Aguinis, fiel a su costumbre, realizó una exhaustiva investigación de los archivos históricos nacionales para conocer en profundidad la historia de nuestro Gran Almirante. De ella poco existe en los libros escolares, el olvido, que es el mejor amigo de la ingratitud, había caído sobre su persona. “El combate Perpetuo”, fue editado por primera vez en 1982, pero sólo en 1995 cobró notoriedad pública. Hasta ese entonces, sólo en pequeños ámbitos académicos navales, la persona y el valioso aporte a nuestra historia, del Almirante Brown, era dimensionado y verdaderamente reconocido.

Afortunadamente, fue en ese ámbito, donde el vicealmirante (R) Jorge E. Duyos, en su investigación histórica, encontró y publicó como parte del manual de “Introducción a la Historia Marítima” una carta que el Almirante Guillermo Brown le escribiera al Brigadier General Juan Manuel de Rosas. Esa carta había quedado olvidada en la historia (encontrada en 1962), quizás, hasta haya querido ser ignorada en algún momento de nuestros tiempos. Lo cierto es que al leerla reconoceremos que el legado del Almirante Guillermo Brown a nuestras tradiciones navales, no sólo es militar, es también cívico.
Esta carta fue escrita por Brown, en uno de esos tantos momentos trágicos que signaron nuestra historia con guerras civiles y desencuentros entre hermanos… la reproducimos tal cual él la escribiera y dice así:

Buenos Aires 12 de Abril de 1829 – “Mi estimado amigo y Sr. General Dn. Juan Manuel de Rosas – Escribía a V. una carta amistosamente y con el mejor intention del mundo de mi parte aunque no he tenido el gusto de recivir contestación como Gefe General de la Escuadra Nacional creí que V. me hubiese correspondido y ahora le repito como amigo particular de V. y en general del país, teniendo el honor de proponerle un medio por el qual se corte desavenencias que no producen outra cosa que la destruction de los mejores intereses del país como está sucediendo, agregándose la disunión entre las familias digna de mejor suerte; esta es del modo siguiente:”
“Que queden los Exercitos a igual distancia de esta Capital, dexando al pueblo y campaña enteramente libres para elegir la Junta Legislativa, observando la más perfecta neutralidad que todo hombre libre se pronuncie con la mejor confianza de su voto, y luego que esta corporación este reunido obre y delibere sobre la felicidad general, sometiéndonos a sus providencias, y de este modo tendríamos la gloria de haber contribuido en parte evitando al mismo tiempo la efusión de sangre entre hermanos que solo deben abrasarse olvidar el pasado y rogar al poderoso para que jamás aparescan entre nosotros calamidades de la guerra civil y que viviendo unidos podramos lograr nuestra verdadera felicidad.”
“Los consules extranjeros puedan garantir este convenio si es del agrado de V. quienes estan interesado en la prosperidad del país. Yo espero que este proposición será bien recojido por todos y los verdaderamente amigos de la grandeza y prosperidad del país. Yo escribo esta como Dn. Guillermo Brown y no como Gobernador Delegado sin embargo la proposición será cumplido. Queda su más atento y obediente servidor. – Q.S.M.B. Firmado: W. Brown” (sic) del original.

Aunque no aparezca en muchos libros de historia naval, Guillermo Brown fue uno de los Almirantes, en la historia mundial, que más veces se batió en combate en el mar. A diferencia de otros grandes almirantes de la historia, la grandeza de sus hazañas y victorias navales, proviene precisamente por la precariedad y poco número de naves que le tocó comandar.

Así la historia lo convirtió en el “crisol” donde se forjan los marinos argentinos. A su humildad, su inteligencia naval, determinación, espíritu de sacrificio, generosidad, valor y coraje, hoy lo homenajeamos también por su integridad cívica, reflejada en éste documento, muy pocas veces publicado.

La Armada Argentina navega hoy con proa al futuro, al igual que ayer, lo hace con escasos medios, pero con la misma determinación de aquellos marinos de nuestra independencia, de aquellos marinos también, que ofrendaron su vida en Malvinas… con su legado y tradiciones, la Armada sabe hoy, que las coordenadas del futuro hacia el que navega, están escritas en nuestra heroica historia naval. Fueron escritas por el propio Almirante Guillermo Brown.

Para cerrar esta nota, nada mejor que la pequeña frase con la que Marcos Aguinis cerró el prólogo de su libro sobre el Almirante Guillermo Brown: “… Por su mensaje desde el ayer para el hoy tan confundido.”


Así le cantó un payador:

"¿y qué esperaba de un hombre
que lleva por apellido
el tronido del cañón?
...ante semejante jefe
la simple duda es traición..."

(Anónimo, después de la victoria de Quilmes – 1826)

 

Declaración de Sitio Histórico por parte el H.C.D de la M.G.P.

Por iniciativa del Conejal Maximiliano ABAD, (Bloque UCR) se obtuvo la siguiente Ordenanza sobre el “Cabo de las Dos Corrientes”.

FECHA DE SANCION       : Septiembre 10 de 2009

NUMERO DE REGISTRO :

EXPEDIENTE H.C.D. Nº   :  1774   LETRA  U   AÑO  2009

 

ORDENANZA

Artículo 1º.- Declárase sitio histórico al sector costero del litoral atlántico denominado Cabo Corrientes, por ser éste el punto desde donde, en 1826, el Almirante Guillermo Brown lanzó su campaña naval contra el Imperio del Brasil.

Artículo 2º.- Encomiéndase al Departamento Ejecutivo la correspondiente señalización del sitio, incorporando las referencias históricas del mismo.

Artículo 3º.- Con motivo de celebrarse el próximo 30 de octubre  el aniversario del paso y desembarco del Almirante Brown, el Departamento Ejecutivo posibilitará el emplazamiento de un monolito conmemorativo  idéntico al construido en 1963, el que será inaugurado en acto especial convocado al efecto.

Artículo 4º.- Comuníquese, etc.-



 



 

1826 – Victoria Naval en Los Pozos y Quilmes – 2010

 

CUMBRES SUBLIMES DE NUESTRO HEROÍSMO NAVAL

 

 

Se han cumplido 184 años de las dos Batallas Navales más heroicas de nuestra historia. Como siempre, peleadas en desventaja, con coraje criollo y valor irlandés, con más determinación en el corazón, que munición en los cañones.

Por: Oscar Filippi

“En estas aguas el viento sopla del Sur y son los vientos de un pueblo libre … ¡Que lo sepan aquellos que nos quieren oprimir desde el Norte…!”

Coronel de Marina, Tomás ESPORA (1826)

 

        Pese a los antecedentes remotos de este conflicto heredado como dignos hijos de las Coronas de España y Portugal, por aquellos años y, podemos agregar, hasta nuestros días, la imprevisión política en materia de estrategia, planeamiento y defensa nacional, ha marcado una constante en nuestra historia.

        La guerra que el Imperio del Brasil declaró a las Provincias Unidas del Río de la Plata el 10 de Diciembre de 1825 y mantuvo durante el trienio 1826-1828, encontró a nuestro país en un total estado de indefensión. Situación que no hubiera ocurrido, si tan sólo los dirigentes políticos de aquella época hubieran leído los libros de historia.

        Desde el Siglo XVII en que los portugueses fundaron la Colonia del Sacramento, en clara demostración expansionista, enfrentaron a la Corona Española en distintas acciones bélicas de las que ésta salió victoriosa y los lusitanos convirtieron en resonantes triunfos diplomáticos al considerarlos en la letra de los tratados. El conflicto continuó ventilándose en permanentes fricciones durante toda la guerra de independencia y fue que ya constituido el Imperio del Brasil (1822) este ocupó ilegalmente dicha colonia, queriendo así establecer su predominio sobre la Banda Oriental del Uruguay.

        De la simple comparación de los recursos estratégicos, poderío económico, organización político comercial y composición de sus fuerzas militares y navales, el Brasil era muy superior por ser un país consolidado y en marcha.

        Contaba con una poderosa flota regular de cerca de ochenta unidades, desde las de más alto bordo a las de tipo menor. Con ella irrumpió en el Río de la Plata, bloqueando a la ciudad de Buenos Aires.

        Nuestro país contaba con sólo dos viejos Bergantines (el Belgrano y el Balcarce) un lanchón (la Correntina) que transportaba piedras desde la isla Martín García y doce cañoneras.

        El entonces Gobernador de Buenos Aires, General Juan Gregorio de Las Heras, ante la magnitud de la agresión, recurrió al ya glorioso marino, Almirante Guillermo Brown y el 12 de Enero de 1826, lo designó Jefe de la escuadra criolla.

        El marino irlandés, que ya se acercaba a los 49 años de vida, volvió a izar su insignia en el bergantín “Balcarce”. Otras grandes figuras de nuestra epopeya libertaria fueron llamadas al servicio, Juan Bautista Azopardo, segundo jefe de la Escuadra y comandante del bergantín “Belgrano”, Tomás Espora, Leonardo Rosales, Bartolomé Ceretti, Nicolás Jorge, Antonio Richitelli, Juan Francisco Seguí, Felipe Scaillet, Victorio Francisco Dandreys y Carlos Robinson.

        Mientras se gestionaba la compra de tres navíos en Chile, el gobierno urgido por el Almirante Brown, adquiere la fragata “Comercio de Lima” a la que se rebautizará con el nombre de “25 de Mayo”, el bergantín “Armonía” que pasaría a llamarse “Independencia”, dos bergantines, bautizados “República Argentina” y “Congreso Nacional” y tres goletas que fueron bautizadas: “Sarandí”, “Pepa” y “Río de la Plata”.

        Estos refuerzos de gran significación llegaron cuando Bernardino Rivadavia asumía por Ley, la primera magistratura del país el 8 de Febrero de 1826.

       

Batalla Naval de “LOS POZOS”

 

¡Fuego rasante, el Pueblo nos contempla..!!

Orden de Batalla del Almirante Guillermo Brown.

        Los cariocas nunca pudieron dominar el Río de la Plata, el bloqueo dispuesto fue violado innumerables veces y nuestro glorioso Almirante, preparando a sus tripulaciones y tratando de desorientar a los brasileños, sostuvo dos combates de suerte dispar y resultados inciertos.

        El primero de los grandes encuentros navales llegaría el 11 de Junio de 1826.

        Pedro Iº, Emperador del Brasil, ordenó enfáticamente al comandante Norton, nuevo Jefe de la Escuadra Imperial: “... - ¡Exijo una acción definitoria! ¡Liquide a la insignificante escuadrilla del Plata (…)!!”.

        Ese día, los habitantes de Buenos Aires, desde terrazas y campanarios, desde la costa misma del Río, ven acercarse las velas de 31 navíos enemigos dispuestos en tres divisiones, cuentan con 266 cañones y 2.300 hombres.

        Nuestro Almirante zarpa en la “25 de Mayo”, buque Insignia al comando del bravo marino porteño Tomás Espora, los siguen la “Congreso”, los bergantines “República” e “Independencia” y siete cañoneras.

        La otra división patriota al mando de otro valiente criollo, Leonardo Rosales, se apresuraba a regresar del puerto de Colonia, donde había dejado refuerzos de infantería.

        Sólo diez viejos y frágiles navíos, la desventaja en número y poder de fuego, ya es una vieja conocida de nuestros heroicos marinos y no conduce a razones dignas como para no dar batalla.

        El Almirante Brown dispone a sus 10 barcos en semicírculo, el eligió el lugar para el combate, lo conoce de memoria, los brasileños desconfían… el sitio se llama “Los Pozos” y es una cita de honor con la Gloria… La escuadra Imperial con sus tres imponentes líneas, se les viene encima. El bravo Almirante, parado en el puente de la “25 de Mayo” junto a su fiel comandante y camarada Tomás Espora, ordena: “…- ¡Fuego rasante, el pueblo nos contempla…!!

        El cañoneo es feroz, la lucha titánica… ambas escuadras quedan envueltas en el humo del disparo de los cañones. Los atónitos testigos, desde la ciudad, sólo pueden ver un enorme nubarrón blanco-grisáceo, furia de tormenta desatada al ras del Río, relámpagos y atronadores ruidos, jirones de velas al viento, maderos, esquirlas y astillas zumbantes, un infierno que   presagia el peor de los resultados.

        Cuando el humo que envuelve a la batalla comienza a disiparse, los porteños desde la costa, no dan crédito a sus ojos, lejos de perseguidos nuestros buques se convierten en perseguidores.

        Rosales y Jorge que llegaban con su división para dar apoyo, se convierten en el blanco de los imperiales. Nuestro Almirante, ve llegado el momento de atacar a la nave capitana, la “Nictheroy” del Almirante Norton. Para ello trasborda a una cañonera y a remos y a vela, seguido por Espora, Mason, Bathurst y otros oficiales, se lanza decidido al ataque.

        La Escuadra Imperial comienza a ceder, cuando el crepúsculo cae sobre Buenos Aires, la victoria se llama Argentina. Una vez más, son los hombres de Brown los que le dan valor a los escasos medios con los que combatieron. La subordinación y el coraje es criollo, el valor es irlandés y con ellos derrotaron al poder y la confianza enemiga.

 


 

Batalla Naval de “Quilmes”

 

“¡ Es preferible irse a pique, antes que rendir el pabellón !”

Orden de Batalla del Almirante Guillermo Brown.

        Al decir del propio contralmirante D. Laurio Destéfani en su libro - Manual de Historia Naval Argentina – “…- donde Brown alcanzó las cumbres más sublimes del heroísmo, fue en el famoso combate de Quilmes del 30 de Julio de 1826”.

        A las diez y media de la noche del 29, Brown arremete sobre la formación brasileña, el resto de la escuadra se retrasa sin motivo aparente, la “25 de Mayo” sorprende, sola, ¡a bala rasa y cañonazos! e indemne vira para buscar al resto de la flota. 

        Cuando el Sol comenzaba a despuntar sobre la ribera de Quilmes en ese glorioso día, veintidós (22) naves brasileñas impecablemente formadas, en línea y a sotavento vienen en busca del “viejo” Almirante, la revancha de la batalla de Los Pozos era vivamente buscada por los brasileños.

        Brown decide atacar como el Almirante Nelson en Trafalgar, cortaría la línea por retaguardia, atacaría a las naves en forma individual antes que la vanguardia pudiera socorrerlas.

        Imparte su hoy famosa orden de Quilmes: “¡Es preferible irse a pique, antes que rendir el pabellón! La Escuadra Patriota inicia el combate.

        Nuevamente a bordo de la “25 de Mayo” como siempre al comando de Tomás Espora, inicia la maniobra de ataque sobre el final de la línea de los buques imperiales. Con sorpresa y desagrado comprueba nuevamente, que algunas de nuestras naves se quedan rezagadas, otras por indecisión de sus comandantes, ante la imponente magnitud de la fuerza enemiga, se abren sin causa justificada.

        Es así que la valiente nave capitana, la “25 de Mayo”, seguida únicamente por la goletita “Río” del valiente Leonardo Rosales, cortan solas, a puro cañonazo y coraje la línea enemiga.

        Durante tres largas horas se baten heroicamente, la “25 de Mayo” con más de treinta rumbos en el casco y con 40 bajas en cubiertas. La “Río” de Rosales se queda sin sacas de pólvora. La tripulación se desnuda, con las mangas de las chaquetas y las piernas de sus pantalones, con pólvora a granel, fabrican más sacas de pólvora, en cueros, con el uniforme que Dios les dio al nacer, firmes y dignos, siguen disparando ¡su único cañón…! Con valiente determinación y el heroico ejemplo de Rosales, su Comandante, se mantienen junto a su bravo Almirante y al valeroso Espora que finalmente cayó malherido.

        “…- ¡Aquel muchacho sabe pelear con su gaviota! Exclama Brown, orgulloso por Rosales.

        Recién a las nueve de la mañana acudieron en su ayuda ocho cañoneras y otros barcos mayores, Brown se traslada al “República”, arrestó a su Comandante y ante una justificación de éste, le gritó a la cara, la frase que también pasaría a la historia… “- No conozco más valientes que Brown, Espora y Rosales”. Reorganiza inmediatamente la línea patriota y pone en fuga a la escuadra imperial.

        Resuelto continúa la lucha desde a bordo del bergantín “República”. Ante el temor de quedar varados por la bajante, la escuadra brasileña se retira y las naves de nuestro Gran Almirante, empavesadas como en días de gala, llegan al puerto de Buenos Aires, Espora, herido gravemente, es atendido de inmediato. La nave insignia, la heroica “25 de Mayo” tuvo que ser remolcada hasta el puerto, el castigo que había recibido no permitían su maniobra y la flotabilidad estaba seriamente amenazada.

        A pesar de todo… los vientos habían soplado del Sur y tal como lo afirmara el valiente Tomás Espora, esos vientos fueron de libertad. 

 

   

8 y 9 de Febrero de 1827

Combate Naval de “El Juncal”

 

Gloria de la Historia Naval Argentina

Por: Oscar Filippi

          En 1826, el entonces Imperio del Brasil, había cerrado la navegación y el comercio del Río de la Plata con una importante escuadra naval de más de 80 navíos. Nuestro país no contaba con una marina de guerra, apremiado por las circunstancias, Rivadavia convoca al Almirante Guillermo Brown y con algunos buques mercantes transformados en navíos de guerra y otros comprados urgentemente en el extranjero, se crea una nueva Escuadra Naval para hacer frente a las fuerzas cariocas.

          Superado totalmente en número de naves, en cañones y tripulantes bien adiestrados, el Almirante Brown, junto a Tomás Espora, Leonardo Rosales y otros bravos marinos criollos, pone a prueba su propia capacidad táctica y logra ese mismo año, los resonantes triunfos de “Los Pozos” y “Quilmes”. Cumbres sublimes del valor naval argentino, de cuyas victorias fueron testigos los propios habitantes de Buenos Aires, que amenazados por un desembarco, no daban crédito a sus ojos, cuando la pequeña escuadra de Brown puso en fuga a más de 80 navíos de guerra imperiales. Fue en esas dos batallas en la que el Almirante Brown, inscribe para siempre en las historia, sus dos órdenes más famosas. En “Los Pozos”, viendo que la población de Buenos Aires se agolpaba en la rivera del Río de la Plata, en balcones, terrazas y campanarios para contemplar el desigual combate que se avecinaba, nuestro Gran Almirante, con determinación ordenó: “ – ¡Fuego rasante, el pueblo nos contempla!” y en la Batalla de “Quilmes” quedaría inscripta la orden que aun hoy es estandarte de valor para un marino argentino… “-¡Irse a pique antes que rendir el pabellón!

          Esa misma orden, en letras de bronce acuñadas, se leía en el puente de mando del crucero General Belgrano aquel 2 de Mayo de 1982. El valor de 323 camaradas que sucumbieron con el buque, mantuvieron viva aquella orden y el mismo orgullo histórico por su entrega y determinación.

          Sorprendidos por el arrojo y determinación de nuestros hombres y su pequeña escuadra, los imperiales no se sentían aun vencidos. Aprovechando el desconcierto generado, Brown recibe frente a las costas del Cabo de las “Dos Corrientes” (Mar del Plata) en Octubre de1826, el refuerzo de la recién adquirida fragata Chacabuco, procedente de Chile. Enarbolando su gallardete en la goleta “Sarandí”, el Almirante Brown inicia una temeraria, pero decidida campaña de corso, frente a las costas mismas del Brasil, acosando al tráfico mercante. Como resultado de esa brillante maniobra, parte de la flota imperial abandona el Río de Plata con la urgente necesidad de proteger su propio territorio.

          Ahora sí, Guillermo Brown, podría dar cuenta definitiva de las naves cariocas que quedaban navegando en las aguas del Plata.

          Es así como llegamos al 8 de Febrero de 1827, fecha en la que se desarrolla la primera jornada de la Batalla Naval de “EL Juncal”. El Almirante Guillermo Brown, que izaba su insignia en la goleta “Sarandí”, estaba al mando de una división naval compuesta por seis (6) naves mayores, un buque hospital y nueve cañoneras. En este día se encuentra en las proximidades de la Isla de El Juncal (cercanías de la desembocadura del Río Uruguay en el Río de la Plata) con la Tercera División Naval Brasileña, integrada por un bergantín, diez (10) goletas, seis (6) cañoneras y una lancha. El capitán de fragata Senna Pereyra mandaba las naves imperiales. El combate comenzó con un fuerte cañoneo entre ambos bandos. La lucha no llegó a términos decisivos por cuanto un fuerte temporal, de los llamados pamperos, separó las naves.

          El día 9 de Febrero las acciones dan comienzo con un fortísimo cañoneo naval entre nuestros buques y las naves imperiales, con más determinación, conocedores expertos de esas aguas, nuestros marinos logran ubicarse mejor y casi a “quemarropa” logran doblegar al circunstancial adversario. Logran rendir y apresar a doce (12) naves imperiales, tres fueron incendiadas por su propia tripulación y tres consiguieron alejarse del combate remontando el Río Uruguay. Asimismo, fueron hechos muchos prisioneros, entre los cuales se encontraba el capitán Senna Pereyra quien entregó su espada a otro bravo marino de nuestra historia, Francisco Seguí.

          Esta fue la última gran batalla por sostener nuestra soberanía en los mares y ríos en aquellos aciagos días. Tras la euforia por estos resonantes triunfos, llegó después también la misma despreocupación por los peligros que siempre acechan desde el mar. La escuadra fue nuevamente olvidada y sólo cuando franceses y británicos volvieron sobre nuestras aguas, el interés por los asuntos del mar, volvió a golpear con dureza y urgencias. Afortunadamente el Almirante Guillermo Brown seguía con vida… el valor y determinación de sus hombres, nuestros marinos criollos, también y en “La Vuelta de Obligado” consolidarían para siempre nuestra soberanía y determinación de ser definitivamente libres. Pero ese, es otro capítulo de nuestra heroica Historia Naval.              

Agradecemos al corresponsal naval, Oscar Filippi, por permitirnos la publicación de sus artículos.

 


 

"Bouchard, el corsario de la Patria"
Por Felipe Pigna.

La comisión de Estudios Históricos ha analizado el texto de “Bouchard, el corsario de la patria”,
de Felipe Pigna; considera que deben señalarse los siguientes errores históricos y pone al alcance de los interesados la bibliografía correspondiente.

1.- El reglamento español de Corso de 1801, no fue un “mamotreto” como escribe Pigna, sino “una completa legislación de larga aplicación en el Plata a partir de mayo de 1810” – Ver Rodríguez – Arguindeguy: El corso rioplatense, página 53.

2.- El hermano de Guillermo Brown, integrante de la expedición corsaria al Pacífico, se llamaba Miguel y no Luis como figura en dos oportunidades en el texto, lo que no es error de imprenta sino del autor.

3.- Felipe Pigna menciona al duque de Florida Blanca como Gobernador de Guayaquil y a su sobrina, la condesa de Camargo, ambos prisioneros en la fragata “Consecuencia”, nombres que no figuran en la Bibliografía responsable. En “Guillermo Brown. Apostillas a su vida” y en “El Corso rioplatense” de P. Arguindeguy y H. Rodríguez, páginas 111 y 177 respectivamente, leemos la lista de prisioneros de la fragata “Consecuencia”: (...) se hallan a bordo actualmente de la fragata Comandante nombrada el Hércules: Señor Brigadier D. Manuel de Mendiburu, Señor D. León Altolaguirre de la Orden de Carlos III, Intendente de Provincia y Contador Mayor del Real Tribunal de Cuentas de Lima; Señor D. Andrés Ximenes, juez subdelegado de la Provincia de Jauja; Señor José Antonio Navarrete, Diputado que fue en Cortes de la Provincia de Piura y hoy electo Fiscal de la Real Audiencia de Chile; Señor D. Francisco Iriarte, Teniente Coronel del Real Cuerpo de Ingenieros, destinado al Virreinatos del Perú, Manuel de Mendiburu era el Gobernador designado para Guayaquil. En ninguno de los textos se lo menciona como duque de Florida Blanca y menos aún figura la condesa de Camargo entre los prisioneros.

4.- Guillermo Brown no usó el pabellón nacional como poncho o chalina como se observa en los dibujos del libro sino que, como leemos en las “Memorias del Almirante Brown”, publicación de la Comisión Nacional de Homenaje al Almirante Brown en el centenario de su muerte, habiendo perdido todo la ropa en el saqueo, el comodoro Brown se vio obligado, para ir a tierra, a envolverse, nada menos que en el pabellón patriota que encontró en cubierta” – página 52.

5.- En cuanto el trato que recibió Brown, al que el dibujante representa en una celda, sentado en el suelo, leemos en su “Memoria” escrita en 3° persona, “Desde la playa donde el gobernador permanecía a caballo (...) fue conducido a la guardia por algunos oficiales de confianza y principales habitantes de la ciudad. Inmediatamente se le remitieron ropas y el Gobernador le invitó a comer. La calma que desplegó ante tal revés de fortuna, le mereció el respeto de todos los que se hallaban allí reunidos, así como la temeraria intrepidez que demostrara muy poco antes, había excitado su admiración, sobre todo la del Gobernador y del Obispo, quienes lo cumplimentaron de la manera más honrosa”, página 52.

En cuanto a los demás prisioneros, dice el Almirante: “Los oficiales y tripulación restantes fueron confinados con menos restricciones y el pueblo, al conversar con los prisioneros, se dio cuenta de la naturaleza de la revolución y del objeto de la expedición y deploró sobremanera haber cooperado en la defensa de la ciudad.” Página 53.

6.- Pigna describe un ataque demoledor a la ciudad por Bouchard y su tripulación quienes, por las armas, obligan a las autoridades, tras someterlas en la residencia oficial, a liberar a los prisioneros y especialmente, al Almirante Brown. La documentación histórica establece, sin dar lugar a dudas, que esa liberación se logró por tratativas entre Miguel Brown y Vasco Pascual.

Leemos en la “Memoria” del Almirante Brown: “Tan pronto como la pérdida del “Trinidad” se supo en la escuadrilla que estaba todavía en La Puna, la Hércules que había quedado al mando del capitán Miguel Brown y el Halcón zarparon y procedieron a remontar el río, resueltos a destruir la ciudad, si su jefe y compañeros de armas no eran tratados como prisioneros de guerra. Antes de que ellos estuvieran a la vista, el Gobernador despachó un parlamento proponiendo canje de prisioneros con tal de que retrocedieran a determinado punto. Esta propuesta se debió, evidentemente, al temor de que se alzaran los criollos y la negociación terminó en un intercambio de prisioneros a satisfacción de ambas partes”. Página 52.

En la carta de Guillermo Brown a su hermano Miguel y a Walter Chitty leemos: “Queridos Walter y Miguel: me hallo prisionero sin lesión en mi persona. El Gobernador es un hombre de un espíritu amable y militar. Ustedes no tratarán de subir; antes al contrario se retirarán. Yo he propuesto desechar a todos los prisioneros en tierra si me dan libertad pero temo no lograrlo. Yo he dicho que ustedes no se quedarán más que dos o tres días y que seguirán con sus prisioneros a Buenos Aires abandonándome a mi suerte (...). Página 111.

7.- Lenguaje inadecuado en un texto que pretende ser escrito para escolares. Nuestro idioma posee un riquísimo material sin necesidad de utilizar expresiones procaces que desvirtúan la finalidad educativa de la obra.

8.- Tras Guayaquil, Buenaventura y Galápagos Brown navegó hacia el Atlántico por la ruta del Cabo de Hornos. Noticias sobre la presencia portuguesa en el Plata, lo obligaron a dirigirse a la isla Barbados para reparar su nave. La insidiosa intervención del capitán Stirling lo llevó a la Antigua donde fue juzgado por la Corte del Adelantazgo local.

Estos hechos aclaran que Brown no continuó la guerra de Corso en las Antillas como especifica Pigna.
Ver: Apostillas ..., ob.cit. Página 111 y Ratto; ob.cit, Página 120.

9.- El lugre mencionado como San José se denominaba Neptuno.

10.- Bouchard fue muy severo en su propiedad económica peruana, pero ello no debe llevar al lector al concepto de inhumanidad. No puede presentarse su imagen con trabajadores encadenados y engrillados como en épocas de dura esclavitud, sobre todo en un trabajo para escolares fácilmente influenciables.

La Comisión de Estudios Históricos no recomienda la difusión de este texto como bibliografía a nivel escolar.

 

 

Guillermo Brown , ¿era masón?

Dos documentos que muestran que seguramente lo era. Pero, ¿porqué tanta reserva?

 

EL ALMIRANTE BROWN, ¿FUE MASÓN?

Por la Logia Almirante Guillermo Brown N° 445.

Gran Logia de la Argentina de LL. y AA. Masones  (en Pdf)

 

ALMIRANTE WILLIAM BROWN

SU CAPTURA Y RESCATE POR LA MASONERÍA EN GUAYAQUIL
por el Dr. J. R, Levi-Castillo (En Word)

Traducción de Natalio Marengo

 



 

Teniente de Navío (Post Morten) Aviador Naval

Marcelo Gustavo Márquez, único aviador de Mar del Plata, caído en el conflicto Malvinas.

A su memoria

Por: Oscar Filippi

Aquel 21 de Mayo de 1982

Teniente de Navío Marcelo Gustavo MárquezEl 21 de Mayo de 1982, dos secciones reforzadas de la Tercera Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque, integradas por el Capitán de Corbeta Alberto Jorge Philippi, Teniente de Fragata Marcelo Gustavo Márquez, Teniente de Navío José César Arca, Teniente de Navío Benito Italo Rotolo, Teniente de Navío Carlos Alberto Lecour y Teniente de Navío Roberto Gerardo Sylvester atacan unidades de superficie británicas estacionadas en el estrecho de San Carlos, hundiendo a la fragata H.M.S. "Ardent". Los aviones pertenecientes a los tres primeros pilotos son derribados por aviones "Harrier" ingleses que escoltaban al buque, falleciendo el Teniente de Fragata Marcelo Gustavo Márquez.

 

 

En homenaje

Hoy, tal como lo hacemos dese el 21 de Mayo de 1982, queremos evocar a este valiente aviador naval, el Teniente de Navío (Post Mortem) Marcelo Gustavo MÁRQUEZ. Desde aquella fecha, su nombre está inscripto en la Historia Naval Argentina.

Sus acciones sobre los cielos de Malvinas en aquellos días de 1982, asombraron al mundo. Su profesionalismo, su arrojo y entrega, fueron el firme mensaje de la determinación soberana argentina. A tal punto que, el General de la Aviación Francesa Pierre Clostermann, quien derribara 33 aparatos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, escribió una carta en la que demostraba su admiración por las proezas, coraje y valentía de los aviadores de combate argentinos. Esta carta finalizaba diciendo: "… hay de este mundo que sólo cree en aquellas causas en las que sus protagonistas se hacen matar por ellas."

En el año de 2003, pocos meses antes de su muerte, en ocasión de reeditar su libro, “El Gran Circo”, el miso General Pierre Clostermann, volvió a escribir: “- También quiero que los jóvenes lectores de este nuevo libro, guarden un pensamiento para los pilotos franceses de Mayo de 1940, los pilotos ingleses de Septiembre de 1940, los americanos de Enero de 1942 en las Filipinas, los de la Luftwaffe en 1945 en la defensa de Berlín y los pilotos argentinos que volaron en Mayo de 1982 sobre los cielos de Malvinas. Ellos todos fueron sacrificados y todos ellos heredaron el caos dejado por otros: pacifistas, políticos, generales incompetentes y naciones indolentes, negligentes o laxas. Sin embargo, estos pilotos deben ser admirados, no mirados con pena, porque en el instante final ellos pudieron decir: “He experimentado en mi avión lo que otros nunca conocerán.”

Teniente de Navío Marcelo Gustavo Márquez en su aviónAl leer este mensaje del gran As de la Aviación Francesa, Pierre Clostermann, me hizo recordar las palabras con las que después de relatar sus acciones durante la Segunda Guerra Mundial y a modo de epílogo finaliza este libro tan admirado por los aviadores de todo el mundo: “- El Gran Circo ha pasado, el público ha quedado satisfecho, los actores no demasiado malos, quizás en familia se siga hablando de él otro día más, y aún cuando todo quede olvidado, en la plaza del pueblo todavía estará la aureola del aserrín y los agujeros de las

Estacas, la lluvia y el olvido pronto borrarán las huellas, sólo los que fuimos actores lo recordaremos…”

Por eso mismo estas líneas, para que la lluvia y el olvido no borren las huellas heroicas que hombres como el Teniente de Navío Marcelo Gustavo MARQUEZ dejaron impresas en nuestra orgullosa Historia Naval.

Aún sin haber sido uno de los protagonistas de aquella gloriosa gesta, si tenemos el orgullo de haber sido sus compañeros y camaradas y como tal lo recordamos.

Recordarlo hoy, es recordar nuestra heroica herencia, nuestro orgullo de ser marinos. Combatir como lo hizo él y antes lo hicieron los hombres de BROWN, aún en desventaja numérica y tecnológica. Con valor y firmeza, confianza en la causa justa, determinación y coraje criollo, así logramos hacer nuestra patria desde el mar.

La guerra es siempre cruel. Antes de estallar nos sobrecoge con el temor, durante ella nos fustiga con el dolor y la muerte y al final nos corroe con la duda, la mentira hipócrita y la ausencia de responsabilidades, que sólo pretenden hacer caer en el olvido a aquellos que nos iluminaron con su ejemplo, valor y sacrificio sublime.

Por eso hoy quiero evocar en este acto, lo más valioso y digno que la guerra nos ha legado: el sacrificio de los camaradas caídos en el Mar.

Los móviles que impulsan a los hombres están influidos por el carácter de cada uno. La guerra les trazó el camino. Al empezar la lucha iban en pos de la verdad, la cual está por encima de las ideologías, los partidismos o el gobierno de turno. En los momentos de peligro se arroja todo el lastre por la borda y entonces se ven las cosas en su exacta dimensión y uno se encuentra de pronto con el alma desnuda y el rostro al viento.  Sólo entonces se ofrece la oportunidad que nunca antes se nos había presentado, de ponernos verdaderamente a prueba.

La experiencia así obtenida, por los ejemplos como el del Teniente de Navío MÁRQUEZ, me permite afirmar que no es la técnica lo que más vale, sino los hombres. Ellos fueron quienes les dieron valor a las armas que tripularon.

El que ha convivido con estos hombres, duros en la lucha y firmes ante la muerte, lleva en su alma algo valiosísimo para el futuro.  

 

 

 

 

 

 

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Última modificación: 22 de November de 2010